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Cuentos Japoneces

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Cuentos Japoneces

Mensaje por Ly Elric Fujisaki el Miér Ago 31, 2011 9:01 pm




Bueno ayer me puse a leer algunos cuentos (cortitos claro...) asi que pense en compartirlos con ustedes n.n por ahora solo voy a subir 1 pero luego pongo los demas :D

La boda de los Kappa:


Hace mucho tiempo vivían un padre y tres hijas en un pueblo. Era lo suficientemente rico como para tener muchos campos de arroz alrededor de su casa.
Un año que habia llovido muy poco durante meses sus tierras estaba tan secas que no podía cultivar arroz.
- Daría a una de mis hijas a quien pudiera llenar mis arrozales con agua..a este paso nos moriremos de hambre..
Nada mas decir estas palaras un apareció frente a él.
- Me interesa tu oferta. ¿Prometes que me entregarás a una de tus hijas si lo consigo?
- Por supuesto, si eres capaz de cumplir tu palabra , yo cumpliré la mia y te entregaré a una de mis hijas.-dijo el hombre sonriente.
Al día siguiente, le sorprendió mucho que sus s arrozales estaban llenos de agua hasta los bordes. A pesar de que estaba entusiasmado, recordó promesa y se entristecío.
-Oh, Dios mío! ¿Qué puedo hacer? Pero una promesa es una promesa.
Cuando volvió a casa, le pidió a su hija mayor que se casase con el Kappa*.
- Le di mi palabra al Kappa. ¿Le tomarás por esposo?
- ¿Has perdido la cabeza? Por supuesto que no.- y se marchó dando un portazo.
Le preguntó entonces a su su segunda hija si aceptaba casarse con el Kappa.
-Se lo prometí al Kappa. ¿Te casarás con él?
- ¿Crees que soy estupida? Por supuesto que no. No sabes cuanto te odio. Ella tambien se marchó maldiciendo a su padre.
Finalmente se lo pidió a su hija menor.
- Hice una promesa a ese Kappa ¿Estas dispuesta a casarte con él?”
- Padre, yo no quiero casarme con un Kappa, pero no esta bien romper una promesa. Si asi lo desea, yo me casaré con el. – dijo con tristeza.
-Gracias, hija mia, eres la mejor hija que un padre pueda tener. Te haré un buen regalo de bodas, asi que dime ¿que deseas?
-Padre, yo tan solo quiero cien Hyotans
Y asi el padre recogio un centenar de calabazas para ella en su barrio para fabricar botellas para su Hyotans.
A la mañana siguiente, un apuesto joven llamó a su puerta.
- Vengo a que me entregue a su hija., dijo.
- Padre mio, voy a marcharme con el, dijo la muchacha que llevaba a la espalda un gran saco repleto de botellas de calabaza a su espaldas.
-¿Es un verdadero Kappa?” las dos hermanas empezaban a envidiar a su hermana menor.
Los novios se marcharon y ella lo siguió hasta las cercanías de un lago.
- Como sabrás, mi casa se encuentra en lo profundo del lago, vamos. – dijo el muchacho tirando le de la mano.
- Oh ! Señor Kappa, por favor, espere un minuto. Quisiera pedirle un favor. Estas calabazas son un regalo de boda de mi querido padre y quisiera conservarlas. ¿Podria por favor ayudarme a meterlas en su casa?
- Eso esta hecho, esposa mia.” , dijo el Kappa y arrojó el contenido del saco al lago lanzandose tras de ellas.
Trató una y otra vez , en vano de hundir las calabazas, que eran tan ligeras que flotaban en el lago escapandosele de los dedos. Viendo la dificultad de la tarea se volvio a transformar en Kappa para intentarlo.

- Esto es imposible, no puedo hacerlo. Voy a renunciar a una novia humana. Es mejor casarse con la hija de un Kappa.
Y desapareció bajo el lago, tras pronunciar estas palabras.
El padre estaba muy contento de tenerla de vuelta en casa y la nombro su única heredera.
“Tú eres sólo la heredera de mí.”
Las dos hermanas mayores se trataron de disculparse a

nte su padre, pero ya era tarde y la hija menor se convirtio en la heredera de los arrozales a los que nunca faltó el agua del lago de los kappa.




Kappa: Criatura mitológica según el folclore japonés que viven en lagos.
Igualmente algunos los consideran como animales que formarían parte de la criptozoología, ello debido a supuestas ocasiones en las que se dice han sido divisados

La escuela del hambre:


Un campesino que no tenía con qué alimentar a su familla se acuerdo un dia de desesperación de la costumbre que promete una fuerte recompensa al que seacapaz de desafiar y vencer al maestro de una escuela de espadas.

Aunque no había tocado un arma en su vida, el campesino desafío al maestro más famoso de la región. El día fijado, delante de un publico numeroso, los dos hombres se enfrentaronn.

El campesino, sin mostrarse nada impresionado por la reputación de su adversario, lo espera a pie firme, mientras que el maestro de espadas estaba un poco turbado por tal determinación.

¿Quién será este hombre?, pensaba. Jamás ningún villano hubiera tenido el valor de desafiarme. ¿No será una trampa de mis enemigos?

El campesino, acuciado por el hambre, se adelanto resueltamente hacia su rival. El Maestro dudaba, desconcertado por la total ausencia de técnica de su adversario. Finalmente, retrocede movido por el miedo. Antes incluso del primer asalto, el maestro siente que será vencido. Bajo su espada y dijo:

-Usted es el vencedor. Por primera vez en mi vida he sido abatido. Entre todas las escuelas de espadas, la mía es la más renombrada. Es conocida con el nombre de “La que en un solo gesto lleva diez mil golpes”. ¿Puedo preguntarle, respetuosamente, el nombre de su escuela?

-La escuela del hambre -respondio el campesino.

Yuki-onna (La mujer de Nieve):



Hace mucho tiempo, vivían solos en una lejana montaña el cazador Mosaku y su hijo Minokichi. Mosaku era viudo, su esposa había fallecido años atrás, cuando Minokichi era aún un niño. En invierno, padre e hijo salían diariamente a cazar zorros, ciervos y osos, para vender sus pieles en la ciudad.

Cierta mañana, muy de madrugada, Mosaku y Minokichi salieron al monte, pero no lograron cazar ninguna pieza. No perdieron la esperanza y siguieron recorriendo el monte hasta que se hizo de noche, en ese momento empezó a nevar intensamente, con un viento tan frío e intenso que les impedía tenerse en pie. A duras penas lograron guarecerse en un pequeño refugio cercano. En la modesta cabaña pudieron encender fuego, calentarse y reponer fuerzas. Mientras comían, hablaron de diversos temas, hasta que en cierto momento el padre dijo:

- Minokichi, hijo mío, yo soy viejo y tú tienes ya 20 años, y desde que murió tu madre estamos muy solos y necesitamos una mujer en casa. Deberías empezar a pensar en casarte.

Pero su hijo no le escuchaba, porque se había recostado junto al fuego y ya dormía profundamente. En vista de aquello, el padre también acabó por dormirse al cabo de no mucho tiempo, mientras fuera la tempestad de nieve seguía sin cesar.

En mitad de la noche, el fuerte ruido de la ventisca despertó a Minokichi, que al levantarse comprobó que el fuego se había apagado. Se disponía a ir a por más leña para encenderlo de nuevo, cuando de pronto vio de pie junto a la puerta a una hermosa mujer de tez blanquísima y mirada glacial, que vestia un blanco kimono y enmarcaba su rosto por largos cabellos negros. Cuando quiso preguntarle quién era y de dónde venía, Minokichi comprobó horrorizado que no le salía la voz, como si una gran piedra le oprimiera el pecho, y que no podía moverse.

La misteriosa mujer entró en la cabaña, se acercó a Mosaku, que seguía durmiendo, se inclinó sobre él y le sopló un aire helado que le fue congelando lentamente hasta dejarle sin vida. Minokichi, entonces, recobró las fuerzas y logró gritar pidiendo auxilio.

-¡Socorroooo! ¡La Mujer de las Nieves! ¡Auxilio, que alguien me ayude!

Entonces, la Mujer de las Nieves le dijo a Minokichi, mirándole fijamente:

- A ti, por esta vez, te perdono la vida, porque aún eres muy joven y tienes muchas cosas por vivir. Pero te lo advierto: no le cuentes a nadie lo que acabas de ver, porque si lo haces, te mataré.

- De acuerdo – contestó el aterrado joven -, prometo no contárselo a nadie.

Tras lo cual, la bella y misteriosa mujer desapareció dejando un torbellino de nieve a su paso.

A la mañana siguiente, Minokichi trasladó el cuerpo sin vida de su padre. Todo el pueblo acudió a los funerales, y Minokichi se sintió muy feliz por ser consolado por todas aquellas humildes gentes. Sin embargo, se sentía culpable de lo que había pasado, por haber dejado negligentemente que se apagara el fuego del hogar en una noche tan fría como aquella. El joven estaba acostumbrado a vivir con su padre, por eso se sintió muy solo y triste al tener que seguir adelante sin él.

Pasó el tiempo, y cierto día de tormenta, alguien llamó a la puerta de Minokichi. Al abrir, vio que se trataba de una bellísima muchacha, empapada y aterida de frío, que afirmó llamarse Yuki y que le rogó que por favor le permitiera pasar allí la noche, porque iba de camino a la capital y se había perdido por culpa de la lluvia. Al principio, Minokichi no lo veía claro, porque no disponía de una cama que ofrecerle y tampoco tenía nada de comer. Pero la muchacha insistió en que le permitiera quedarse.

- No me importa comer poco o nada, y dormiré en el suelo. Pero por favor, déjame quedarme solamente por esta noche.

Tal era la insistencia de Yuki, que Minokichi accedió a dejarle pasar la noche allí. Naturalmente, Minokichi no tardó en quedarse prendado de la hermosa y dulce muchacha, y le pidió por favor que se casara con él.

Así lo hicieron. Tuvieron muchos hijos y fueron felices durante muchos años. Minokichi estaba muy feliz y orgulloso de su esposa, pero había algo en ella que le extrañaba. Yuki no salía nunca de casa en los días de buen tiempo o de sol. Pero en cuanto oscurecía, salía fuera con sus hijos para jugar y cantar con ellos.

Pasaron varios años. Cierta noche, Yuki estaba zurciendo un kimono, mientras fuera caía una nevada terrible, con un fuerte viento que hacía temblar la destartalada casa. Minokichi estaba recostado, contemplando a su esposa ensimismada en su labor. De pronto, le dijo:

- Mi querida Yuki. No pareces envejecer nunca, sigues tan guapa como el día que nos conocimos.

- Qué va, eso es lo que te parece a ti – dijo ella, sonrojándose.

- ¿Sabes? Acabo de acordarme de una cosa. Cuando era joven, una vez vi a una mujer tan guapa como tú, que además se te parecía muchísimo.

Yuki dejó el kimono y escuchó con mucha atención.

- Yo tenía veinte años entonces, y recuerdo que había salido a cazar con mi padre cuando nos sorprendió una tormenta de nieve como la que está cayendo esta noche. Nos resguardamos en un refugio, y entonces, aquella misma noche, vi a esa mujer, la Mujer de las Nieves.

En ese momento, la expresión de Yuki cambió. Su rostro se volvió pálido y su mirada fría. Se levantó y dijo a Minokichi:

- ¡Me prometiste que no se lo contarías a nadie! ¡Has roto tu promesa!

- ¡Eres tú! – exclamó entonces Minokichi, aterrorizado. – ¡Tú eres la Mujer de las Nieves!

- Sí, soy yo – contestó ella -. Y como has roto tu promesa, ya no puedo seguir existiendo en forma humana. ¡Qué lástima! Yo quería haber vivido contigo para siempre, pero ya no va a ser posible.

Mientras hablaba, Yuki ya se había convertido por completo en la Mujer de las Nieves y estaba de pie junto a la puerta.

- Te dije que te mataría si revelabas el secreto – prosiguió -, pero no puedo hacerlo. No quiero que nuestros hijos, que aún son pequeños, se queden huérfanos sin que nadie pueda cuidar de ellos. No te daré muerte hoy, pero no volverás a verme nunca más. Espero que nunca hagas mal a nuestros hijos o volveré a cumplir mi promesa! Adios esposo!

Y, dejando tras de sí un torbellino de nieve, Yuki desapareció entre la ventisca.

- ¡Yuki, espera! ¡No te vayas! – gritó Minokichi.

- ¿Adónde vas, mamá? – lloriquearon los niños, que se habían despertado y se habían asomado al exterior. Sus voces se confundieron en medio del fuerte viento, mientras ella se alejaba para no volver jamás mientras el viento confundia sus lamentos.









Última edición por Ly-chan el Vie Sep 02, 2011 5:38 pm, editado 2 veces







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Re: Cuentos Japoneces

Mensaje por Miharu Hasegawa el Miér Ago 31, 2011 9:16 pm

=O esta muy interesante xD

sigue subiendo mas, me gustaron ^^
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Re: Cuentos Japoneces

Mensaje por Ly Elric Fujisaki el Jue Sep 01, 2011 8:07 pm

Bien, aqui pordre otra :3
La escuela del hambre:

Un campesino que no tenía con qué alimentar a su familla se acuerdo un dia de desesperación de la costumbre que promete una fuerte recompensa al que seacapaz de desafiar y vencer al maestro de una escuela de espadas.

Aunque no había tocado un arma en su vida, el campesino desafío al maestro más famoso de la región. El día fijado, delante de un publico numeroso, los dos hombres se enfrentaronn.

El campesino, sin mostrarse nada impresionado por la reputación de su adversario, lo espera a pie firme, mientras que el maestro de espadas estaba un poco turbado por tal determinación.

¿Quién será este hombre?, pensaba. Jamás ningún villano hubiera tenido el valor de desafiarme. ¿No será una trampa de mis enemigos?

El campesino, acuciado por el hambre, se adelanto resueltamente hacia su rival. El Maestro dudaba, desconcertado por la total ausencia de técnica de su adversario. Finalmente, retrocede movido por el miedo. Antes incluso del primer asalto, el maestro siente que será vencido. Bajo su espada y dijo:

-Usted es el vencedor. Por primera vez en mi vida he sido abatido. Entre todas las escuelas de espadas, la mía es la más renombrada. Es conocida con el nombre de “La que en un solo gesto lleva diez mil golpes”. ¿Puedo preguntarle, respetuosamente, el nombre de su escuela?

-La escuela del hambre -respondio el campesino.

Ahhh~ que lindo >o<








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Re: Cuentos Japoneces

Mensaje por Miharu Hasegawa el Jue Sep 01, 2011 9:39 pm

Waaa me encanto esa historia =3
Jajjjaja utilizare esa tactica un dia xD
Sigue subiendo mas!!!
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Re: Cuentos Japoneces

Mensaje por Abriil zon el Vie Sep 02, 2011 5:28 pm

oo la escuela del hombre muy buena :D
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Re: Cuentos Japoneces

Mensaje por Ly Elric Fujisaki el Vie Sep 02, 2011 5:39 pm

Jejejeje que bueno que les estan gustando :D
Aqui vengo con otro, este esta más largo pero la historia es genial~

Yuki-onna (La mujer de Nieve):



Hace mucho tiempo, vivían solos en una lejana montaña el cazador Mosaku y su hijo Minokichi. Mosaku era viudo, su esposa había fallecido años atrás, cuando Minokichi era aún un niño. En invierno, padre e hijo salían diariamente a cazar zorros, ciervos y osos, para vender sus pieles en la ciudad.

Cierta mañana, muy de madrugada, Mosaku y Minokichi salieron al monte, pero no lograron cazar ninguna pieza. No perdieron la esperanza y siguieron recorriendo el monte hasta que se hizo de noche, en ese momento empezó a nevar intensamente, con un viento tan frío e intenso que les impedía tenerse en pie. A duras penas lograron guarecerse en un pequeño refugio cercano. En la modesta cabaña pudieron encender fuego, calentarse y reponer fuerzas. Mientras comían, hablaron de diversos temas, hasta que en cierto momento el padre dijo:

- Minokichi, hijo mío, yo soy viejo y tú tienes ya 20 años, y desde que murió tu madre estamos muy solos y necesitamos una mujer en casa. Deberías empezar a pensar en casarte.

Pero su hijo no le escuchaba, porque se había recostado junto al fuego y ya dormía profundamente. En vista de aquello, el padre también acabó por dormirse al cabo de no mucho tiempo, mientras fuera la tempestad de nieve seguía sin cesar.

En mitad de la noche, el fuerte ruido de la ventisca despertó a Minokichi, que al levantarse comprobó que el fuego se había apagado. Se disponía a ir a por más leña para encenderlo de nuevo, cuando de pronto vio de pie junto a la puerta a una hermosa mujer de tez blanquísima y mirada glacial, que vestia un blanco kimono y enmarcaba su rosto por largos cabellos negros. Cuando quiso preguntarle quién era y de dónde venía, Minokichi comprobó horrorizado que no le salía la voz, como si una gran piedra le oprimiera el pecho, y que no podía moverse.

La misteriosa mujer entró en la cabaña, se acercó a Mosaku, que seguía durmiendo, se inclinó sobre él y le sopló un aire helado que le fue congelando lentamente hasta dejarle sin vida. Minokichi, entonces, recobró las fuerzas y logró gritar pidiendo auxilio.

-¡Socorroooo! ¡La Mujer de las Nieves! ¡Auxilio, que alguien me ayude!

Entonces, la Mujer de las Nieves le dijo a Minokichi, mirándole fijamente:

- A ti, por esta vez, te perdono la vida, porque aún eres muy joven y tienes muchas cosas por vivir. Pero te lo advierto: no le cuentes a nadie lo que acabas de ver, porque si lo haces, te mataré.

- De acuerdo – contestó el aterrado joven -, prometo no contárselo a nadie.

Tras lo cual, la bella y misteriosa mujer desapareció dejando un torbellino de nieve a su paso.

A la mañana siguiente, Minokichi trasladó el cuerpo sin vida de su padre. Todo el pueblo acudió a los funerales, y Minokichi se sintió muy feliz por ser consolado por todas aquellas humildes gentes. Sin embargo, se sentía culpable de lo que había pasado, por haber dejado negligentemente que se apagara el fuego del hogar en una noche tan fría como aquella. El joven estaba acostumbrado a vivir con su padre, por eso se sintió muy solo y triste al tener que seguir adelante sin él.

Pasó el tiempo, y cierto día de tormenta, alguien llamó a la puerta de Minokichi. Al abrir, vio que se trataba de una bellísima muchacha, empapada y aterida de frío, que afirmó llamarse Yuki y que le rogó que por favor le permitiera pasar allí la noche, porque iba de camino a la capital y se había perdido por culpa de la lluvia. Al principio, Minokichi no lo veía claro, porque no disponía de una cama que ofrecerle y tampoco tenía nada de comer. Pero la muchacha insistió en que le permitiera quedarse.

- No me importa comer poco o nada, y dormiré en el suelo. Pero por favor, déjame quedarme solamente por esta noche.

Tal era la insistencia de Yuki, que Minokichi accedió a dejarle pasar la noche allí. Naturalmente, Minokichi no tardó en quedarse prendado de la hermosa y dulce muchacha, y le pidió por favor que se casara con él.

Así lo hicieron. Tuvieron muchos hijos y fueron felices durante muchos años. Minokichi estaba muy feliz y orgulloso de su esposa, pero había algo en ella que le extrañaba. Yuki no salía nunca de casa en los días de buen tiempo o de sol. Pero en cuanto oscurecía, salía fuera con sus hijos para jugar y cantar con ellos.

Pasaron varios años. Cierta noche, Yuki estaba zurciendo un kimono, mientras fuera caía una nevada terrible, con un fuerte viento que hacía temblar la destartalada casa. Minokichi estaba recostado, contemplando a su esposa ensimismada en su labor. De pronto, le dijo:

- Mi querida Yuki. No pareces envejecer nunca, sigues tan guapa como el día que nos conocimos.

- Qué va, eso es lo que te parece a ti – dijo ella, sonrojándose.

- ¿Sabes? Acabo de acordarme de una cosa. Cuando era joven, una vez vi a una mujer tan guapa como tú, que además se te parecía muchísimo.

Yuki dejó el kimono y escuchó con mucha atención.

- Yo tenía veinte años entonces, y recuerdo que había salido a cazar con mi padre cuando nos sorprendió una tormenta de nieve como la que está cayendo esta noche. Nos resguardamos en un refugio, y entonces, aquella misma noche, vi a esa mujer, la Mujer de las Nieves.

En ese momento, la expresión de Yuki cambió. Su rostro se volvió pálido y su mirada fría. Se levantó y dijo a Minokichi:

- ¡Me prometiste que no se lo contarías a nadie! ¡Has roto tu promesa!

- ¡Eres tú! – exclamó entonces Minokichi, aterrorizado. – ¡Tú eres la Mujer de las Nieves!

- Sí, soy yo – contestó ella -. Y como has roto tu promesa, ya no puedo seguir existiendo en forma humana. ¡Qué lástima! Yo quería haber vivido contigo para siempre, pero ya no va a ser posible.

Mientras hablaba, Yuki ya se había convertido por completo en la Mujer de las Nieves y estaba de pie junto a la puerta.

- Te dije que te mataría si revelabas el secreto – prosiguió -, pero no puedo hacerlo. No quiero que nuestros hijos, que aún son pequeños, se queden huérfanos sin que nadie pueda cuidar de ellos. No te daré muerte hoy, pero no volverás a verme nunca más. Espero que nunca hagas mal a nuestros hijos o volveré a cumplir mi promesa! Adios esposo!

Y, dejando tras de sí un torbellino de nieve, Yuki desapareció entre la ventisca.

- ¡Yuki, espera! ¡No te vayas! – gritó Minokichi.

- ¿Adónde vas, mamá? – lloriquearon los niños, que se habían despertado y se habían asomado al exterior. Sus voces se confundieron en medio del fuerte viento, mientras ella se alejaba para no volver jamás mientras el viento confundia sus lamentos.










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Re: Cuentos Japoneces

Mensaje por Cynthia.Hi el Dom Sep 04, 2011 2:12 pm

o que geniales me gusto la de la boda :D aunque el kappa me dio miedo :S yo no hubiera sido su esposa





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