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Mensaje por Jessen el Dom Ago 14, 2011 5:34 pm

Utopia

Porque todos tienen derecho a soñar con un mundo mejor...

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Fuiste con tu caracterizado paso lento hasta aquel muro que quedaba fuera de la casa y te sentaste tras él, donde tu familia no pudiese verte. Escondiste el rostro entre tus delgados brazos y empezaste a llorar. Lo había hecho otra vez. Te había pegado de nuevo, esta vez frente a todo el mundo e hizo público que solo eras una tonta llorona.

Por un instante te permitiste soñar, imaginar cómo sería la vida si hubieses nacido en un hogar en el que fueras querida. Sonreíste al pensar en él. Hace mucho que habías fantaseado con ello, lo habías nombrado “Utopía”, un lugar perfecto y es que allí podrías ser tú sin temor a ser rechazada. Podrías ser una chica sentimental sin que te discriminasen por eso, podrías ser tímida sin que te obligasen a cambiar todos los días. ¡Podrías darle tu amor a alguien y ser correspondida!

Porque era claro que allí en aquella casa nadie te retribuiría ese afecto que, a pesar de todo, sentías por ellos. Tu padre estaba demasiado ocupado en sus vicios, tu madre en sus lamentos y tu hermano en su “vida perfecta”. ¡Oh! Porque a él si lo querían. Él era el hijo perfecto, el predilecto y tú… solo la sombra de sus logros.

Pensaste que sería de tu futuro si lo pudieses elegir tu misma, si fueras capaz de crear un camino personal, forjar tu destino por cuenta propia. No se necesitaba tanto tiempo para decidirlo, al instante resolviste ser escritora. Porque entendías que esa era la única manera en la que podrías expresarte, escribiendo. Eras demasiado tímida para decirle al vecino que lo amabas, así que componías poemas; tenías miedo de contarle al mundo tus sueños, así que redactabas una historia de ello. Te desahogabas escribiendo. Y sin darte cuenta estabas plasmando tu vida, sentimientos y pensamientos en un papel.

Sonreíste mientras te visualizabas frente a una multitud presentando un nuevo libro que había resultado ser el “Best Seller” y empezaste a pensar a quién agradecerías ese logro. No podía ser a tu familia pues ellos nunca hubiesen querido que tú escribieses, no tenias amigos, no encontrabas a alguien. Solo tú y Dios. Así que decidiste que lo mejor sería solo agradecerle a Él, pues era el único que te ofrecía consuelo mientras estabas desamparada.

Sacaste una pequeña libreta y empezaste a escribir, pues querías plasmar “Utopía” en algún lugar. Decidiste que sería blanco, con casas en cristal, sin diferencias ni racismos. Los pobres no estarían mal vistos, sino que pertenecerían a la familia, como hermanos, todos felices. Hombres tan valientes como un príncipe frente al dragón. No existiría el machismo, así que las mujeres se convertirían en las heroínas de sus vidas y sus hijos podrían vivir lo que en realidad se llama “infancia feliz”.

En el momento en que la última línea fue escrita un sonoro portazo se escuchó. Te encogiste al pensar en la posibilidad de que tu padre hubiese hallado al fin ese escondite. Pero en vez de ello viste al vecino salir de su casa, abrir el portón y sentarse tras el muro. Arqueaste una ceja al notarlo. Ves como abraza sus piernas y esconde su cabeza entre ellas y luego, para tu asombro, empezó a sollozar. Te sentiste fatal, eso hacías todos los días y darías lo poco que tienes para que alguien se sentase a tu lado y te abrazara, consolara y dijese que no estabas sola en este mundo.

Te levantaste decidida, pero al dar el primer paso el miedo y las dudas invadieron tus sentidos. ¿Qué diría? ¿Serias una intrusa para él? ¿Gritaría? No podías soportar más gritos. Aún así te acercaste a él y decidiste sentarte a su lado. Pasaste un brazo por sus hombros y quedaste atónita al ver que se acurrucaba en tus brazos y empezaba a llorar desconsoladamente.

Querías consolarlo, evitar que se derrumbara de esa manera, unir los pedazos rotos de su corazón, querías hacer lo que deseabas que hicieran contigo. Le preguntaste que había sucedido. Él te habló entre sollozos de su madre con cáncer que moría poco a poco, de su hermano que no pudo entrar a la Universidad pues ninguno tenía trabajo y su padre los había abandonado. Le hablaste de tus problemas, temores e inquietudes. Le explicaste que la vida muchas veces no es justa y viste sorprendida que decías todo lo que querías que te dijesen a ti.

Cuando él escuchó la historia te abrazó y estuvieron toda la noche llorando, temblando por el llanto y el frío. Para que se tranquilizase le hablaste de “Utopía”, tu lugar perfecto. Notaste como se alegraba de soñar con un mundo mejor. Así, todas las noches siguieron encontrándose y hablando de su “Utopía”. Y al final te diste cuenta que con él podías ser tú misma, que con él no habían insultos ni recriminaciones y pudiste ver que con él podías ser como la bellísima paloma blanca que surca el cielo felizmente. Descubriste que tu verdadera “Utopía” eran ustedes dos tras ese muro soñando juntos. Porque al fin ambos pudieron ver el lado bueno del mundo, el lado hermoso, ese lado que podrían compartir por el resto de sus vidas sin que nadie lo dañase, pues ese era tu universo, tu “Utopía”, él era tu todo y tú el suyo. Porque lo único que tenían ambos era el uno al otro.
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Well les dejo a sus cabezas bonitas todo lo demás =P
Aun no soy lo que se llama una "buena escritora", pero intento serlo algun dia ^_^

PD: Lamento si se me quedo algun acento -___- Ya me dolian los ojos de tanto releer la historia.
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